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De Mozambique y Angola a Cachemira: una historia familiar ligada a la ONU

Para el Mayor Mauricio Valero, las zonas montañosas en las que trabaja y un clima que varía de intensas lluvias a nevadas en algunas épocas del año, se diferencian en gran medida del terreno llano y el clima templado de su natal Uruguay.
Valero agradece los beneficios de la tecnología para mantener una comunicación frecuente con su familia y amigos a través de mensajes y videollamadas, pero no lo niega, extraña el asado, ese momento que para los uruguayos representa “mucho más que una comida”:
“Es un momento de encuentro y de compartir”, apunta.
Desde el mes de abril, Valero se desempeña como Observador Militar de las Naciones Unidas en la misión que supervisa la frontera en disputa entre la India y Pakistán.
“Para cumplir con el mandato de la UNMOGIP, llevamos a cabo tareas sobre el terreno, incluyendo reconocimiento de zonas, visitas de campo y puestos de observación, a lo largo de la Línea de Control entre la Cachemira administrada por Pakistán y la Cachemira administrada por la India. Supervisamos e informamos sobre violaciones del alto el fuego”, explica.
Para Valero, la interacción con la comunidad local es uno de los pilares de la misión.
“Durante las distintas tareas que realizamos, mantenemos comunicación con habitantes de las áreas donde trabajamos, lo que nos permite conocer mejor la situación local y comprender diferentes aspectos de la vida cotidiana en cada zona. Ese intercambio se desarrolla siempre en un marco de respeto, profesionalismo y cercanía, contribuyendo también a generar confianza y una buena relación con la población local”.
Patrullas entre montañas y nieve
Las patrullas de la misión se desarrollan tanto a pie como en vehículos 4x4 de Naciones Unidas, dependiendo de la actividad y de la zona donde se despliega el equipo. Muchas de estas tareas tienen lugar en áreas montañosas y caminos de difícil acceso, donde las condiciones climáticas pueden cambiar rápidamente.
“Estas patrullas nos permiten recorrer distintas áreas, observar la situación en el terreno y mantener presencia en diferentes sectores del área de responsabilidad de la misión”, señala Valero.
Trabajar junto a militares de distintas partes del mundo es, para el oficial uruguayo, uno de los aspectos más enriquecedores de la experiencia. La convivencia diaria con personas de diferentes culturas y nacionalidades permite intercambiar conocimientos y aprender constantemente de otros colegas. “Esa convivencia genera un fuerte espíritu de cooperación y compañerismo”, afirma.
Una vocación marcada por Naciones Unidas
Antes de desplegarse en Cachemira, Valero realizó entrenamientos vinculados a procedimientos de Naciones Unidas, seguridad operacional y trabajo en entornos multinacionales. Parte de esa preparación tuvo lugar en la Escuela Nacional de Operaciones de Paz del Uruguay. Además, destaca que la experiencia adquirida en despliegues anteriores ha sido fundamental para afrontar el trabajo diario en la misión.
No es la primera vez que el oficial uruguayo participa en operaciones de paz. Entre 2016 y 2017 integró la misión MONUSCO, en la República Democrática del Congo, y en 2023 participó en la misión UNDOF, en Siria, donde se desempeñó como Oficial de Estado Mayor.
Mucho antes de convertirse en observador militar de Naciones Unidas, Valero ya conocía el significado de una misión de paz. Su padre participó en despliegues de la ONU en Mozambique y Angola durante la década de 1990, una experiencia que marcó profundamente a su familia.
“En aquella época yo era muy chico, aunque recuerdo perfectamente lo que significaba para nuestra familia tener a un integrante desplegado en una misión internacional. Durante sus despliegues recibíamos cartas, llamadas telefónicas y algunas encomiendas, y siempre esperábamos con mucha ilusión el momento de su regreso a Uruguay. Fui creciendo rodeado de historias, fotografías y experiencias relacionadas con Naciones Unidas y las misiones de paz”, rememora.
Mirando hacia adelante, Valero asegura que le gustaría continuar formando parte de operaciones internacionales. Para él, las misiones de paz representan “la presencia y el compromiso de Naciones Unidas en distintas partes del mundo” y contribuyen a generar estabilidad y acompañar a las comunidades locales.
“Más allá de las dificultades, las misiones de paz continúan representando un esfuerzo muy valioso de cooperación internacional”, reflexiona el oficial. En un contexto internacional cada vez más complejo, concluye, “seguir apoyando las operaciones de mantenimiento de la paz es de una importancia enorme”.
Invertir en la paz
Más de 50.000 miembros del personal civil, militar y policial prestan servicio actualmente bajo la bandera de las Naciones Unidas en 11 misiones, haciendo frente a retos que van desde la supervisión de los alto el fuego y la asistencia humanitaria hasta la remoción de minas terrestres y la protección de la población civil.
La celebración de este año del Día Internacional del Personal de Mantenimiento de la Paz de las Naciones Unidas, que conmemora cada 29 de mayo el aniversario de la primera misión en 1948, se centra en el tema "Invertir en la paz", y destaca la urgente necesidad de un apoyo político y financiero sostenido.