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Un eventual retorno a las sanciones contra Irán divide al Consejo de Seguridad

Apenas se abrió la sesión, comenzó la batalla jurídica. El jueves, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, un debate dedicado al restablecimiento de las sanciones internacionales contra Irán se convirtió inmediatamente en un duelo procesal sobre la propia legitimidad de la reunión. Después, en duelo legal sobre el fondo del asunto.
Moscú había pedido que no se celebrara la sesión. Según su embajador, Vasili Nebenzia, las resoluciones relativas a las sanciones contra Irán «ya no están en vigor desde 2015». En consecuencia, afirmó, la sesión «no tiene fundamento» y no debería celebrarse.
China apoyó esta interpretación, denunciando una reactivación «fraudulenta» de las sanciones por parte de los países europeos. Pero Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos defendieron lo contrario, considerando que las medidas punitivas se habían restablecido legalmente tras las repetidas violaciones por parte de Irán de sus compromisos nucleares.
Fue necesaria una votación de procedimiento para resolver la cuestión. Resultado: 11 miembros del Consejo votaron a favor de la celebración de la reunión, dos en contra y dos se abstuvieron. La sesión podía comenzar.
El explosivo regreso de la «reactivación» automática
En el centro del debate se encuentra el mecanismo denominado «reactivación», previsto en el acuerdo nuclear iraní alcanzado en Viena en julio de 2015. Este dispositivo permitía a un Estado signatario restablecer automáticamente las sanciones internacionales contra Irán en caso de que Teherán incumpliera sus compromisos.
El acuerdo, denominado oficialmente Plan de Acción Integral Conjunto, debía sellar un compromiso duradero: restricciones estrictas y verificables sobre las actividades nucleares iraníes a cambio de un alivio de las sanciones que asfixiaban la economía del país.
A petición de Francia, Alemania y el Reino Unido (el grupo denominado E3), estas sanciones se reactivaron a finales de septiembre de 2025, tras el progresivo colapso del acuerdo.
Las medidas incluyen, en particular, un embargo de armas hacia y desde Irán, así como la prohibición de sus actividades de enriquecimiento y reprocesamiento de uranio.
Para Londres, la responsabilidad de esta situación recae íntegramente en Teherán. «Es Irán quien siempre se ha negado a disipar las preocupaciones internacionales», declaró el embajador británico James Kariuki.
Acusó a la República Islámica de no cooperar con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), la agencia de la ONU con sede en Viena, que debía tener acceso sin restricciones a las instalaciones nucleares iraníes para verificar su carácter estrictamente civil.
Estados Unidos, que preside el Consejo durante el mes de marzo, ha pedido que se apliquen estrictamente estas sanciones.
«No debemos permitir que Irán siga manteniendo al mundo como rehén», declaró el embajador estadounidense Michael Waltz, quien también instó a presionar a Rusia y China, acusadas de bloquear la creación del comité encargado de supervisar estas medidas.
Moscú denuncia una «ilegalidad»
Moscú rechaza frontalmente esta interpretación. Para Rusia, el mecanismo de reactivación «no se ha reactivado».
Según su embajador, Vassily Nebenzia, el acuerdo nuclear iraní se vio comprometido desde la retirada unilateral de Estados Unidos en 2018, durante el primer mandato de Donald Trump. En estas condiciones, argumentó, los europeos no podían activar los instrumentos previstos en un acuerdo que ellos mismos habían violado.
Según él, Washington no tiene ahora «ni base jurídica ni moral» para reclamar el restablecimiento de las sanciones.
Moscú ve en la crisis actual la confirmación de una estrategia occidental destinada a justificar la ofensiva militar israelo-estadounidense lanzada el 28 de febrero contra Irán. Según el representante ruso, los recientes acontecimientos demuestran que «la solución diplomática no formaba parte de los planes de Estados Unidos y sus aliados».
China: La crisis la desencadeno Estados Unidos
El embajador chino, Fu Cong, coincidió con su colega ruso y afirmó que Estados Unidos desencadenó la crisis nuclear iraní al retirarse unilateralmente del acuerdo nuclear iraní.
También acusó a Washington D. C. de unirse a Israel en una acción militar agresiva antes de que concluyeran las negociaciones nucleares.
Condenando esas acciones, instó a Estados Unidos a dar marcha atrás y seguir la vía diplomática. También pidió a los países europeos que «dejaran de avivar las llamas» de la guerra y advirtió contra el uso de sanciones para promover intereses políticos mezquinos.
El legado roto del acuerdo de Viena
La disputa jurídica remite a la tormentosa historia del acuerdo nuclear alcanzado en julio de 2015 entre Irán y las grandes potencias.
Tras la retirada de Washington, Irán dejó progresivamente de cumplir algunas de sus obligaciones a partir de 2019, mientras que el OIEA vio reducido su acceso a varias instalaciones sensibles.
La situación dio un vuelco en el verano de 2025, cuando la agencia de la ONU alertó sobre la magnitud de las reservas de uranio enriquecido al 60 %, un nivel técnicamente cercano al necesario para fabricar un arma nuclear, al tiempo que reconocía haber «perdido la continuidad de su conocimiento» sobre el programa iraní.
A raíz de ello, un enfrentamiento entre Irán e Israel en junio dio lugar a incursiones estadounidenses en instalaciones nucleares sensibles en Fordo, Isfahán y Natanz.
Una crisis en un contexto de conflicto militar
Desde entonces, la cuestión nuclear iraní ha dejado de ser un asunto exclusivamente diplomático.
El 28 de febrero, Israel y Estados Unidos lanzaron una ofensiva contra varios objetivos iraníes, lo que desencadenó una respuesta por parte de Teherán contra los países del Golfo y Oriente Medio aliados de Washington y con presencia militar estadounidense.
El miércoles, el Consejo de Seguridad aprobó una resolución condenando estos ataques iraníes. Incluso Rusia, socio estratégico de Teherán, se abstuvo de votar en contra del texto, aunque lo calificó de «desequilibrado» y reprochó al Consejo que ignorara el evento que desencadenó las represalias: los ataques israelíes y estadounidenses.
En este clima de confrontación regional y parálisis diplomática, la reunión del jueves puso de manifiesto la magnitud de las divisiones entre las grandes potencias.
Detrás de la disputa sobre la validez de las sanciones se perfila en realidad una fractura más profunda: la de un orden internacional que tiene dificultades para ponerse de acuerdo sobre la forma de contener —o gestionar— el programa nuclear iraní, ahora envuelto en una guerra abierta.