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En Sudán, la ONU teme una nueva pesadilla, ahora en Kordofán

Tras la catástrofe de El Fasher en Sudán, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU teme que las violaciones que siguieron a 18 meses de asedio en esa ciudad de Darfur encuentren un nuevo eco en la región de Kordofán, donde los combates se intensifican.
Sin establecer un paralelismo directo, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) llama a la vigilancia y a la rendición de cuentas para evitar que la historia se repita.
En una sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU dedicada al conflicto en Sudán, en Ginebra, el responsable de velar por los derechos humanos en el mundo, Volker Türk, alertó sobre los riesgos de una repetición de esta ola de violencia intensa, durante la cual miles de personas fueron asesinadas en pocos días y decenas de miles más huyeron, aterrorizadas.
Aunque las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS) y sus aliados levantaron los asedios de Kadugli y Dilling, dos ciudades de Kordofán del Sur, en las últimas dos semanas, los ataques con drones continúan por ambas partes, causando "decenas de muertos y heridos entre los civiles".
"Estos últimos están expuestos a ejecuciones sumarias, a violencias sexuales, a detenciones arbitrarias y a la separación de su familia", dijo a los Estados miembros el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk.
Según los documentos recopilados por la Oficina, en poco más de dos semanas, hasta el 6 de febrero, unos 90 civiles fueron asesinados y 142 resultaron heridos en ataques con drones llevados a cabo por las FAS y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés).
Estos ataques afectaron a un convoy del Programa Mundial de Alimentos (PMA), mercados, establecimientos de salud y barrios residenciales en el sur y el norte de Kordofán.
Las violencias en Kordofán reviven la tragedia de El Fasher
Estas violencias en Kordofán reavivan, dentro del Consejo de Derechos Humanos, el recuerdo aún ardiente de la tragedia de El Fasher. Si los contextos difieren, la Oficina inscribe su alerta actual en la continuidad de un drama reciente, cuyas cicatrices permanecen abiertas.
Desde su última intervención sobre El Fasher, el Alto Comisionado visitó el terreno para recoger los relatos de supervivientes de la ofensiva final. Sus equipos entrevistaron a más de 140 víctimas y testigos en el Estado del Norte y en el este del Chad.
"Todos ellos relataron masacres y ejecuciones sumarias de civiles y de personas que ya no participaban en las hostilidades, tanto dentro de la ciudad como entre quienes huían. Hablaron de violaciones y otras violencias sexuales, torturas y malos tratos, detenciones, desapariciones y secuestros por rescate", describió Türk.
En un ejemplo particularmente horrible, personas que huyeron a lugares distantes varios miles de kilómetros dieron testimonios coincidentes sobre la masacre de cientos de personas que se habían refugiado en la universidad de El Fasher. Otros informaron de ataques contra establecimientos de salud y profesionales sanitarios.
Escenario apocalíptico
Estos relatos, recogidos de supervivientes dispersos por la región, dibujan un mismo cuadro de violencias extremas. A lo largo de testimonios coincidentes, la descripción de las masacres de El Fasher se amplía a otras atrocidades, dirigidas tanto contra civiles como contra estructuras sanitarias y, según varios supervivientes, contra grupos por su pertenencia étnica.
"Hemos escuchado testimonios convincentes de que algunas víctimas fueron atacadas por su pertenencia étnica no árabe, en particular miembros de la etnia zaghawa. Supervivientes también declararon haber visto pilas de cadáveres a lo largo de las carreteras que llevan a El Fasher, en un escenario apocalíptico que una persona comparó con el Día del Juicio Final", declaró Türk.
A estas escenas de masacres y persecución étnica se suma otro capítulo de las atrocidades documentadas por la ONU: el uso sistemático de la violencia sexual como arma de guerra. Supervivientes relataron "testimonios coincidentes y desgarradores sobre violaciones colectivas y otras violencias sexuales cometidas contra mujeres y niñas".
La ONU reclama un control total de las armas
Estas violencias se inscriben en un clima de odio cuidadosamente avivado, donde la retórica de los dirigentes legitima las atrocidades e inflama las fracturas étnicas.
Casi tres años después del inicio de la guerra entre facciones militares rivales, la Oficina recuerda que los discursos de odio suelen ser el catalizador de violencias de carácter étnico.
"Los dirigentes utilizan una retórica deshumanizante contra ciertas comunidades para justificar atrocidades, movilizar combatientes y profundizar las divisiones".
En este contexto de odio y violencias, la ONU urge a la comunidad internacional a actuar, comenzando por un control estricto de las armas y un embargo extendido sobre Sudán. Se trata de extender el embargo de armas en Darfur a todo Sudán.
"Todos los Estados influyentes deben hacer todo lo posible para promover los esfuerzos de mediación locales, regionales e internacionales, y para presionar a quienes se benefician de esta guerra absurda", insistió el jefe de derechos humanos de la ONU.